lunes, 1 de mayo de 2017

Para las diferencias, el amor.

Quisiera convencer a muchos necios de que sí es verdad que los polos opuestos se atraen, porque es la única respuesta que encuentro cuando me pregunto por mi repentino interés - o capricho- por él.

Para Bourdieu los individuos nos asociamos según la forma de pensar, obrar, sentir y compartir estilos de vida parecidos, se le llama: "Habitus", y este nos orienta para organizarnos con otros individuos que tengan capitales de igual volumen que nosotros, es decir, para estar en círculos sociales adecuados para nosotros y nosotros adecuados a ellos. 

Entre mis deseos y odios, entre tus deseos y tus odios, no hay compatibles. 

Tú dices derechas cuando yo ya estoy en la izquierda. 
Tú dices abajo cuando me gusta más arriba. 
Tú prefieres los números y yo las letras.

Entre lo abstracto también está el destino, y no sé en qué momento tu camino se cruzó con el mío; entre pocas posibilidades, somos el único por ciento. Cuando te miré por primera vez, sabía que entre tus ojos nublados no me podría reflejar, y cuando te escuché hablar no entendía tus palabras ni tus temas de interés. Fue poco lo que alcancé a detallar de tu rostro y mucho lo que me faltó recorrer. 

Soy una mujer de retos, de aventuras y de impulsos, por eso me atreví a dar paso a la primera conversación, te hablé sobre los vicios que pueden ahogar al ser humano, aunque cada uno tengamos distintos Habitus, todos los seres humanos tenemos ocio y ansiedad - con sus diferencias, claro-. Tienes una vida muy agitada y te gusta estar entre amigos para evitar la soledad. Yo con una vida más calmada añoro cualquier momento de soledad. 

Firmemente creo que entre tantas diferencias hay mucho que conocer, pero ¿cómo lo convenzo de estar con alguien como yo? No quiero perderme tratando de encontrarte, porque el riesgo es muy grande, el costo es: entregar hasta el alma.

Yo quiero regalarte una noche, otra conversación, una cerveza y toda mi atención; dame tu disposición. Yo quiero conocerte, en toda la extensión de la palabra, y entenderte para así encontrar lo bueno que hay en ti. No sé qué tienes que sin argumento alguno no dejo de pensar en ti.


Bourdieu hizo una teoría sobre la estructura social, esta se fundamenta en las relaciones entre individuos, pero no tuvo en cuenta que el amor es transversal a ellas, los sentimientos y la química las rodean, quizás por exceptuar esto no se logra un dialogo total mientras se conoce a alguien y mucho menos se rompen barreras que hacen los esquemas, quizás por eso buscamos el amor entre nuestro propio Habitus cuando debe estar en otro, porque los polos opuestos sí se atraen.  Y debe ser un placer descifrar en otra persona lo que nosotros reprimimos. 

lunes, 2 de enero de 2017

Ambos sin ninguno.


Mañana me vestirán con cenizas al alba, me llenarán la boca de flores. Aprenderé a dormir en la memoria de un muro, en la respiración de un animal que sueña.



- Alejandra Pikarnik




Él se marchó de mi vida por partes, por momentos. Él no quiso enfrentarse contra su razón y su placer, no quiso aceptar que me amaba menos y que quería probar la lujuria y lo fugaz, por eso se marchó de a poco. Él no daba puntada sin dedal, y por eso toda su magia en un momento fue intermitente, vaga, nula. Él, ya no era honesto consigo mismo, mucho menos conmigo. Él se marchó el día que más lo quise.

Yo muchas veces advertí mi partida, pero esa hora nunca llegaba. Yo me negaba a la idea de alejarme a pesar de sentir ente sus abrazos el frío helado del olvido, me negaba a tirar por la borda todo el amor que había en mi ser, me sentía obligada a seguir intentando más por mí que por él. Yo no encontraba respuesta a sus dudas por mi amor, hasta dudaba de mi misma y ahí, me fallé. Yo lo dejé ir así lo quisiera.

Ambos vivimos intensamente una complicidad, un amor —quizá, no lo fue—, un delirio, una rima de rock ochentero. Ambos vivíamos en ansias de abrazarnos y entrelazar nuestras manos, no había mejor lugar que ese segundo. Ambos odiábamos los defectos del otro y besábamos nuestras virtudes, ambos nos deleitábamos con los gemidos del otro. Él de mí amaba la forma acelerada de hablar de música y literatura. Yo de él amaba su vehemencia al apreciar los paisajes y mi piel. Ambos sabíamos el lugar exacto para tocarnos.

Él se marchó. Yo lo dejé ir.

Logró vivir con eso por algunos meses, regresó por la paz que le producía tenerme en sus brazos, yo me lancé a él por la lucidez que lograba en su cuello. Ambos habíamos rehecho el amor con alguien más, pero solo interesó el momento en que nuestros ojos se reflejaron brillantes y dilatados uno frente al otro. Yo lo amé, él me amó; por dos horas. De nuevo, fuimos delirio y paz.

Un último beso que no mintió, el último abrazo en el que le dimos un vistazo al cielo; un “te quiero” implícito. Él tomó la derecha, yo la izquierda. Me pidió compañía de nuevo, yo quería soledad.

Yo me marché. Él me dejó ir.

El pasado nos tocó la puerta, pero no tenía nada nuevo que decir. Sentí la libertad y la tranquilidad que en algún minuto dependió de él. Sintió la soledad y la oscuridad que días enteros yo había sentido. Tiempo después todo se pone en su lugar.

Yo huyéndole a la compañía. Él a la soledad. Yo tratando de reafirmar su olvido. Él tratando de reafirmar mi rostro en sus recuerdos.

Ambos nos dejamos ir. Uno de los dos marchándose y el otro dejándose ir, no se sabe.



Tiempo después, yo más segura y él más leal.




lunes, 22 de agosto de 2016

Uno llora y no sabe por qué.

Salen margaritas y girasoles cuando una herida sana. Llega el sol cuando las nubes se vacían. Llega una compañía cuando la soledad trata de asentarse. El vaivén agobiante de la vida es un huracán en el que vivimos, hace frío y a veces el calor sofoca; soledad y multitud. 


Cuando se está solo se conoce a quien habita en nuestro cuerpo, se conoce un ser auto-destructivo y perfeccionista que nos obliga a la critica propia, cuánto quisiera al estar sola conocer mis virtudes y aceptar la realidad, pero solo obtengo el lamentar de un ala herida. 

Ya nadie nota la existencia del dolor en mis ojos, y duele. 
Ya nadie nota la cicatriz que tengo en el cuello, y duele. 
Ya nadie nota mis ojos hinchados en las mañanas, y duele.
Ya nadie me despierta en las mañanas ni me despide en las noches, y duele, caray.

No entiendo el mensaje que me quiere dar la vida cuando junta todas mis tristezas en tan solo una noche en la que solo se escuchan los golpes de un alma que quiere salir huyendo de un cuerpo, un cuerpo que poco a poco se destruye, de un cuerpo que cada vez está más cerca al suelo o de una cama. Un cuerpo que ha perdido el brillo, la energía, el movimiento y el desplazamiento; despierto, estudio, me dedico a llorar unas cuantas horas escuchando la misma canción en inglés que siempre y duermo - a veces poco - y los días pasan.

Una tarde de amigos, licor, cigarros, marihuana y otro polvo, sexo, música a alto volumen, palabras obscenas y uno ríe, pero entre tanto jolgorio hay un momento de voz en off, te percatas de que estas riendo y que acabas de olvidar la miserable vida a la que te acostumbraron desde tu infancia, vuelves a estar triste, borracha y drogada, así se siente un poco menos el sufrir que te ha poseído por meses. Besas a alguien a ver si la tristeza se traslada de cuerpo, pero esa maldita se pega en tu alma como un niño a su mamá, no quiero ser la mamá de una angustia de tal tamaño, y ella no entiende, no se va. El sexo no puede llenar ningún espacio, la tristeza se ha instalado en toda la extensión, y duele. 

¿Quién ha dejado a esa pequeña maldita en mi cuerpo? ¿El amor? ¿Nací con ella? ¿La comí? No hay explicación, solo vive en mi. 

Un viejo amor me hizo separarme de ella por un corto pero largo tiempo, pero cuando se fue ese bonito amor, ella volvió y traía sed de  venganza contra mí, me desbastó  y desde ahí no me levanto los domingos de la cama. El amor de familia se ha acabado, o quizá fue la familia quien se acabó - el amor solo se transforma, él no desaparece -, sería injusto dar una verdad absoluta en donde solo hay una versión. La vida, hay días que tiene un pequeño sabor a mango viche con sal y otros días sabe a la comida que más odias o a besos sin ganas. 


He llegado a pensar que uno a veces necesita el abrazo correcto de la persona correcta, pero no. Uno necesita abrazarse a sí mismo y amarse. Se necesitan unas cervezas y un buen beso para levantarse el domingo y seguir. Se necesita tener ganas en la voluntad. Se necesita hacer un contrato entre la tristeza y las metas, que ella se acomode en un rincón de tu cuerpo y que puedas seguir escalando hacia el éxito, se necesita amar la soledad y la tristeza para que ellas huyan. Una falsa positivista en medio de la ansiedad.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Tener ganas.

Dos palabras: Tengo ganas.

Claro, tengo ganas de besarte tanto que sientas que el suspiro le da oxígeno a tus labios. Tengo ganas de tocarte el cuello y besarlo, no soy vampira, pero cuanto me gustaría poder clavarme en ti y hacer transfusión de amor directamente al alma. Tengo ganas de que esas manos grandes con que la vida te dotó toquen tras mi cuello y bajo mi cabello, además me gusta cuando lo haces con fuerza (Esa fuerza tuya es tener ganas). Te tengo ganas. Te tengo ganas desde las seis de la mañana a las once de la noche. Tengo ganas de pasar unas cuantas horas al día platicando de la dura jornada y del  calor  inhabitual, pero que ya lo hemos sentido cuando estamos a menos de dos centibesos. Tengo ganas de que me abraces por detrás y me susurres al oído canciones bellas, poemas cortos y frases nobles. Tengo ganas de acostarme en tu pecho y poder buscar figuritas en las nubes. Tengo ganas de estar bajo las velas y gemir de felicidad. Tengo ganas de leerte un libro. Tengo ganas de que riamos hasta que se nos olvide respirar. Tengo ganas de que me acompañes a estar bajo la inercia del sol. Tengo ganas que veas comer, vaya qué como mal, pero que te rías. Tengo ganas de verte dormido y que cuando despiertes esté yo. Tengo ganas de compartir silencios. Tengo ganas de gritar contra el viento bajando por la montaña. Tengo ganas de  todo lugar, en la silla, en la cama, en el la madera fría, en el baño y la bodega.  Tengo ganas de no dejarte morir en mi mente. Tengo ganas de recordarte siempre. Tengo ganas de extrañarte poco. Tengo ganas de correr porque se ha hecho tarde. Tengo ganas de ser tu paño de lágrimas. Tengo ganas de divorciarme de mi orgullo. Tengo ganas de pedirle un tiempo a la soledad. Tengo ganas de irme contigo, escapémonos, vamos. Tengo ganas de buscar y encontrar parques contigo. Tengo ganas de enseñarte porque mi forma de actuar y porque mi forma de quererte así, de a poquitos. Tengo ganas de que me esperes. Tengo ganas de que cada vez que me desnudes dejar dar un paseo a mis miedos y cerrarles la puerta. Tengo unas inmensas ganas. Tengo ganas de gastar mucha tinta en versos y besos. Tengo ganas de oler tu perfume siempre.  Tengo ganas de quitar el tonto cliché de que tener ganas es querer follarte locamente, claro, también tengo ganas de eso, pero tengo ganas de amarte o llevarte a marte. Tengo ganas de agradecerte por compartir la vida conmigo. Tengo ganas de encontrar a la muerte contigo. Tengo ganas de darte a probar mi delirío y mi paz.  Tengo ganas de coquetearte en mi vestido de flores. Tengo ganas de no recordar tu rostro y que tenga que ir a buscarte para no olvidarte. Tengo ganas de amarte por siempre y que me ames así sea solo hoy. 

Tengo ganas de que todos tengamos buenas ganas.

martes, 1 de septiembre de 2015

¡Qué es!

Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo? Deseaba un silencio perfecto. Por eso hablo.

-Alejandra Pizarnik.




Me inspiras no sé que...
Y seria magnifico saber que es porque así uno resumiría todo en una palabra o concepto y dejaría de buscar sinónimos idiotas a un solo sentimiento...
por otro lado...

Eh... ¡Benditos ojos!

Amarillos oro, café-amarillo, "Mirada color infinito", delirio de mi subconsciente, cielo dorado, amor mío. ¡Que me has hecho, hombre! sea lo que sea, pero siguelo haciendo por mucho tiempo...

Sos tranquilidad, temblor, frialdad, calor, amor, odio, querer, adoración. Sos locura  y cordura; punto de equilibrio.

Seria utópico  que esto que estoy sintiendo, por decirlo así, nunca lo hubiese sentido, pero esta utopía se cumple ¡por fin! porque raro sí, eres como el agua fría que baja de la montaña. Te pido que seas mi  luna, la luna que me persigue en las noches y que me vigila en el día mientras le hago ojitos al sol, pero no habría sol si no existieran esos ojos dorados tuyos; no me molesta que me vigiles, luna, pero confía en mi, no cambiaría alguna noche donde pueda verte por una noche escribiendo sobre tu belleza.
Y no entiendo esto de sentir un amor tan grande por alguien, espero que me puedas entender ¡entiéndeme! y así me explicas a caricias, a besos, a risas y a momentos lindos.

Le haces tanto bien a esta vida, amor. No podría prometerme quererte siempre, pero es mejor sorprenderse que decepcionarse, así que hasta donde más pueda te querré de una forma loca y sin limite, se me perdieron los estribos mientras intentaba conquistarte, mi amor. 
¡Bésame ya! ahora, por ti y por mi amor. Bésame, riete y vivime, mi amor.
Si esos ojos me dejaran de mirar algún día, ya sin la misma pasión, sin el mismo amor, si esas manos me dejaran de rozar la espalda, de mezclarse en mi cabello, si esa boca dejara de empapar esta cara, no te arrepientas de quererme o más bien, haré todo para que no lo hagas.
Brilla naturalmente, mi cielo azul. Brota con fuerza mi hierba buena verde, si no descifras la forma en que te quiero,   juro que te besaré de nuevo.
Discúlpame, soy una mujer de retos y amor puro.

Por ultimo, para ya dejarte pensar en ti mismo; me encanta la idea de poderte llamar de alguna forma que es nuestro código, negro. Añade una nueva palabra a nuestra historia: negro, mi negro (Aunque seas tan blanco  y amarillo que pareces el cielo a las 3 de la tarde, indeciso incoloro) pero me gusta es palabra tanto como tù y pocas cosas me gustan como tù, muy pocas.

jueves, 2 de julio de 2015

Papá.

Acaba de pasar el mes en que se conmemora el día del padre o del hombre que de alguna u otra manera nos ha acompañado por todos estos años. Y me gustó la idea compartir la carta que le hice hace unos meses a mi papá con la misma idea de dársela ese día. Así fue. Mi papá es todo lo que conforman este metro con sesenta y ocho, todo. No exagero. 


Papá:

Usted es el sol que se posa en la montaña tipo 5 de la tarde ¿si lo ha visto? Ese sol da calor y nos señala que la noche llega, pero el día siguiente está cerca. Es luz, es esperanza, es gratitud, es enseñanza.  Podría hacerle un poema a todo lo que me ha enseñado en la vida, papito lindo. Mire, gracias por cada cosa que se pueda contar entre segundos, gracias por la vida, gracias por la enfermedad, gracias por la risa porque el amor que le tengo yo a usted vale la vida. Mira, papi ya soy una niña grande y no me hay necesidad de que me suba a un banquillo para estar a la altura de las circunstancia. Quiero que todas las quimeras que tienes en mi florezcan en totalidad porque es lo mínimo que puedo hacer por tu legado. Papito lindo, quizá yo no sea como un algodón de azúcar, sí, dulce o como lo era cuando chiquita, pero ahora mi zona de confort es esta y las palabras tienen muchas partículas de amor.  Te amo, papito. Creo que me debes perdonar por cada cosa al igual como yo lo hago contigo. Es un juego mutuo. Nunca vayas a sufrir por mí, papito lindo.  Tranquilo que malcriada sí, pero mal enseñada no. Así que nunca sucumbas ante la idea de que te vas a sentir orgulloso de mí. Amárrate de la fe y cree en mí. Te amo, papito lindo. De ti siempre guardo un poquito más de sabiduría y experiencia. Y como siempre vas a estar para mí, yo siempre voy a estar para ti.

Papito lindo, gracias por estar ahora, ya, en este segundo conmigo y perdón por todo… otra vez. Mira, hay que dejarnos ser, ese es el trabajo de padre e hija. Te amo, te amo, te amo, gracias absolutas, te amo, te amo. Súbete a este banquillo conmigo y estemos a la altura de las circunstancias, viejo.


Alejandra Galeano. 

jueves, 11 de junio de 2015

Victimas y Victimarios.

La aceptación es el primer paso, dicen por ahí. Yo creo que el amor propio es el primer paso hacia la aceptación. Si bien la base de la vida es el amor, hay otras cosas que son tan fundamentales como aquello. Sí, la consideración con nuestros sentimientos o alguna otra cosa loca como: decidir cuando el futuro de nuestra vida, una vida que va a de la mano con el amor, más no sobre el amor.


E inoportunamente llega una persona a tocar en nuestras vidas. Sí, entre, bien pueda, todo está un poquito desordenado, disculpe. Pero no nos fijamos que la vida de la otra persona esté en buenas condiciones. Tiene una que otra grieta emocional y por ahí deja filtrar turbulencias que más adelante van a elevar todos nuestros sentimientos. A mi me gusta conversar mucho sobre gustos y claro, disgustos. Me gustan las tardes de café y cobijas. Me gusta ser en su vida lo que más o menos esa persona sea en la mía. Todos los atardeceres y los amaneceres van bien, uno, cinco, veinte, más del año; cuando de repente llega alguien que hace que perdamos ese rinconcito... cedido. ¿Nosotros somos victimas o victimarios? ¿Victimas por haber caído en ese tanque de quimeras falsas, las cuales eran de otra persona que las rubostecia y tan solo nosotros eramos el adjudicatario? o ¿Victimarios por haber irrumpido en la vida de la persona en el peor momento, confundir y enredarle más la cabeza?
No queriendo aceptar la segunda, quizás sea la más correcta. Entonces ahí está esa persona y ahí esta uno y en la cabeza de la persona, la aversión en carne latente. Ya no estamos ni en su cuerpo, ni en su alma, y ahora mucho menos en sus pensamientos. Díganme, pero díganme: ¿Qué vamos hacer ahora? nosotros nos podríamos marchar, pero no queremos. Nosotros nos podríamos quedar, pero no queremos transigir la premisa de que están pensando en alguien más. Entonces ahora hay un problema gigante: Negarse el amor que se le tiene a la otra persona e iniciar a retomar el amor propio. De un momento a otro creemos pertenecer a ese individuo o que de dicha forma: ese individuo nos pertenece. Cuando en realidad, solo nos acompañamos. No sabemos en que momento sucede, quizás una tarde mientras tomábamos el café de 5. Les llegó una visita inesperada a el hipocampo y no hay nada que la desaloje. Uno es victima de su propio amor y victimario de sus propio coqueteo.  Ahora todos los bellos momentos de su viejo amor están abriendo un gigantesco boquete entre el presente y el pretérito. Ni los cigarrillos despejan las dudas. Solo hay una solución. Pero la solución la debemos dar nosotros. Vamos temerosos por vernos en ese abismo emocional. La respuesta está en nuestra falta de voluntad.  Es que nos gusta tanto vivir entre la vida de alguien que nos hacemos daño al desdeñarnos de sus abrazos, de sus ojos, de su ser; pero el amor propio nos exige tranquilidad.  
Entonces las cosas van así: Aceptar ir al buen amor porque es un bienestar a largo plazo. Las herida que son muy profundas cicatrizan bien. No sabemos que puede estar pasando por la cabeza de la otra persona, pero la decisión es propia. Vamos quitándonos el amor y doblándolo, para dejarlo lindo y sin arruguitas. Lo dejamos ahí, en un lugar bonito, sin estorbos. Y desempolvamos el amor propio. Que envergadura tan linda tiene, brilla y reluce nuestras más grandes calañas. Nos hace caer en cuenta nuestro valor y todavía guarda y poco de dignidad. Vistámonos de dignidad. De todos los amores el más bonito es el que se entrega completo y si no se va a poder ejercer de forma a priori , es mejor no tener un amor; No sería un amor bonito.

Carta de un amor doliente de lo que era su bonito amor:

"Me encantaba aquel medio dramático que mantenía triste, pero ¿Cómo es que hacía para alegrarme a mi? Me decía alguna vez acostado sobre el frío verde qué sin mi se moría y yo si le dije: "viveme porque en esto me consumo y por ahí derecho vos". Como si se lo hubiese pedido, me besó. Pero no como otros hombres me habían besado. Él me besó: la tristeza, la amargura, las ganas de abandonar todo. Y se rió de mi soledad. Me besó en el corto tiempo de mi suspiros. Me sonrió y cuando menos pensé me abrazó, fue uniendo cada una de mis dolencias. Yo no sabía de que otra forma agradecer que mirarlo horas mientras me hablaba, aunque no le entendía mucho lo que decía. ¿Cómo sentirme al lado de ese ser que supo ahuyentar mi soledad? Me preguntó que si lo quería: - No sea necio, si no lo hiciera no estaría aquí a su lado, en su vida. Ahora pienso que marcar ese día, esa tarde en la pared más bella sería una grandiosa idea. No nos negábamos a desvivirnos.
Abreviando mil noches y pocos días: Era un amor completo.

Pensar que una tonta y absurda obsesión a un par de letras banales sobre la belleza de una mujer deslumbrante y despampanante que sin más fue generando en él, una especie de selva con miles de recuerdos, en este caso recuerdos que no parecían irse. Para él yo era su todo y era el problema que le daba solución a sus problemas. Ya podía ver que no era así. Para mi, él era mi mayor problema al que la solución era yo. Porque yo tengo claro soy mía, mía maldita vida, la mía.
Muchacho necio, no se queje porque en cada duda me perdió; estúpida vez la que me dijiste te amo. Vos nunca me has amado, idiota, ni poquito. Yo menos mal me amo y te dejé. Vete a lo más recóndito de mi vida, desde hace medio segundo sos pasado. Lo único que quiero es que ni me busques ni me olvides. ¡A quién engaño! Te odio, te amo, amor mío. Soy el polvo mal hecho de tu vida. Polvo sos y polvo serás. Le odio cada vez que me acuerdo que le amo.
Mi vida, mi pobre vida no merece tantos daños. Así que "¡Vida buena, amor mío!"".



Jake Mate, amor bonito.

Azulética.